Laura Guerrero Guadarrama

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“Caperucita Roja se desvistió pero, al meterse entre las sábanas, exclamó muy sorprendida:
– Abuela, ¡qué brazos tan largos tienes!
– ¡Para abrazarte mejor, hija mía!
– Abuela, ¡qué piernas tan grandes tienes!
– ¡Para correr mejor, hija mía!
– Abuela, ¡Qué orejas más grandes tienes!
– ¡Para oírte mejor, hija mía!
– Abuela, ¡qué dientes tan grandes tienes!
– ¡Para comerte!
Y, al decir estas palabras, el lobo se arrojó sobre Caperucita Roja y se la comió.” (99).
Este final es el tradicional, propio del folklore y transcrito por Charles Perrault. Más tarde los hermanos Grimm lo cambiaron y Caperucita Roja se salva gritando con todas sus fuerzas, así los cazadores la escuchan y matan al lobo.

Caperucita de Doré
” (…) los príncipes jóvenes y enamorados son siempre valerosos.
(…) Al fin, el príncipe entró en un salón todo dorado, y vio sobre un lecho, cuyas cortinas estaban del todo descoloridas, el más bello espectáculo que jamás pudiera soñar; una princesa, de quince años, lo más, y de belleza resplandeciente, casi dormida. El príncipe se acercó al lecho, temblando de admiración y cayó de rodillas a su lado.
Entonces como había llegado al fin del encantamiento, la princesa se despertó, y, mirando al príncipe con tierna expresión le preguntó:
-¿Eres tú, príncipe mío? ¡Cuánto te has hecho esperar!” (“La Bella Durmiente” 127).
El fragmento anterior corresponde a la primera parte del cuento que recopiló Perrault, después sigue la tenebrosa historia de la reina madre que intenta devorar a la Bella con hijitos incluídos y la princesa muestra todavía más su paciencia y abnegación.

Bella durmiente

“¡Manzanas! ¿Quién compra manzanas?
Blancanieves se asomó por la ventana, y le dijo:
– Será mejor que te dirijas a vender tus manzanas a otra parte, aldeana, no puedo comprarlas ni menos aun dejar entrar a nadie en la casa, pues me lo han prohibido los siete enanitos.
– ¡Ah, entonces, no dejes de obedecerles! -aconsejó hipócrita, la fingida aldeana-. En otra oportunidad me comprarás algo, pero para demostrarte que no te guardo rencor, te regalaré una manzana.
Y le tendió la envenenada.
– ¡Oh, qué rica debe ser! -ponderó la princesa-. Sin embargo no te la acepto. Los enanitos no quieren que reciba nada.
– ¡Bah, qué tontería! Mira, haré una cosa; comeré la mitad yo, y de este modo no podrás despreciarme la otra parte.
Y tomando la manzana la partió con el cuchillo, y comenzó a comerse la parte que no tenía el veneno. Blancanieves se animó a clavar el diente en la mitad que había recibido. Pero apenas lo hubo hecho, desplomóse al suelo.
Contempló con crueldad la madrasta, soltó una carcajada triunfal, y regresó a palacio.” (“Blancanieves” 146).

blancanieves-2
¿Qué es un héroe? ¿Cuándo un personaje o personaja es heroico? El diccionario nos dice que: Héroe es “El que se distingue por sus acciones extraordinarias o su grandeza de ánimo. OBSERV. Su femenino es heroína.” Con lo que señala que la unica diferencia es el cambio de género más no de actividades o acciones. Al referirse a la definición de heroico indica “que narra hechos grandes o memorables.” (537). Northrop Frye en su libro Anatomía de la crítica, en el primer ensayo, propone que las ficciones pueden clasificarse de acuerdo con el poder de acción del héroe, que puede ser mayor que el normal, menor o el mismo. Continua con la categorización y así aparece que “Si es superior en grado a los demás hombres y al propio medio ambiente, el héroe es el héroe típico del romance, cuyas acciones son maravillosas, pero él mismo se identifica como ser humano. El héroe del romance se mueve en un mundo en el cual las leyes ordinarias de la naturaleza quedan ligeramente suspendidas; prodigios de valor y tenacidad, que para nosotros no serían naturales, sí lo son para él; y armas encantadas, animales que hablan, ogros y brujas terroríficas, así como talismanes de milagroso poder, nada de ello viola ley alguna de probabilidad una vez que se han establecido los postulados del romance. Aquí pasamos del mito propiamente dicho a la leyenda, al cuento popular (…)”
Nosotras suponemos, sólo suponemos, que Frye, o su traductor, hace referencia al hombre en sentido genérico; pero cuentos como los que acabamos de citar nos llevan a dudar. Porque las personajas que evocamos no detentan los valores de la heroicidad elevada, mas bien nos llevan hacia el nivel bajo, el del héroe irónico, veamos como lo define el autor: “Si es inferior en poder o inteligencia a nosotros mismos, de modo que nos parece estar contemplando una escena de servidumbre, frustración o absurdo, el héroe pertenece al modo irónico. Esto sigue siendo verdad cuando el lector siente que está o podría estar en la misma situación, ya que la situación se juzga por las normas de una mayor libertad.” (Frye 55). Caperucita Roja, Blancanieves y la Bella Durmiente pertenecen al modo irónico, son personajas irónicas, como Chiquitita, Piel de Asno, etc.
Cuando en literatura hablamos de los héroes de la épica señalamos que son aquellos que detentan o poseen los valores de su pueblo o comunidad. ¿Cuáles son los valores que detentan las heroínas citadas? Están, por supuesto, la belleza física, la inocencia que llega hasta la candidez, la pasividad, la tolerancia y la abnegación. La recompensa es el matrimonio, siempre y cuando no merezcan un castigo por desobedientes, que parece ser el mayor de los pecados.
Puede ser que algunos conocedores estén ahora pensando que los cuentos que hemos citado no fueron creados para ser patrimonio de la literatura infantil, que pertenecen al folklore y fueron orales hasta que llegaron los recopiladores y los escribieron. Estamos de acuerdo, aunque debemos notar que algunas de estas historias sí tenían una intención moralizante o educativa dirigida especialmente hacia los pequeños de la comunidad, son cuentos de advertencia que intentaban poner a los chicos en guardia contra los peligros que los rodeaban. Aunque también ofrecían una segunda intención oculta para los adultos, tal es el caso de “Caperucita Roja” a quien el Lobo pide que se “acueste con él”. Lo cierto es que estas narraciones, escritas o no para niños y niñas, han formado parte del repertorio de la literatura infantil desde hace siglos. Los cuentos de mamá Oca de Charles Perrault se publicaron por primera vez en 1697 y han sufrido muchas correcciones o “adaptaciones” en las diversas ediciones. Modificaciones que intentan reflejar lo que el editor considera pertinente para el público infantil. Sin embargo el modelo o el paradigma de las féminas no ha sido modificado y se reproduce generación tras generación.
En el siglo XX  la teoría de la recepción nos puso a pensar en el papel de la lectora o del lector en su recepción del texto y su transformación. Antes se pretendía que sólo existía una manera de leer, muy general o universal, ahora ya no estamos tan seguras de ello porque los críticos, en general, han hablado de la lectura como una de las experiencias vividas por un varón . Pero si el lector informado de una obra literaria es mujer y lee una escena ofensiva o agresiva hacia un personaje femenino, puede vivir una reacción distinta al lector masculino. El efecto puede ser contrario o diferente. Una puede pensar, por ejemplo, que el modelo de la Cenicienta pasiva, abnegada, sufrida y callada, que gracias a su belleza física logra casarse con el príncipe, no es un modelo atractivo, sino más bien despreciable.
La crítica literaria feminista anglosajona tuvo una primera época en la que se preguntaba por las “imágenes de la mujer” que las obras literarias ofrecían. Fue una crítica, sobre todo, temática. Kate Millett es la representante principal de esta corriente, académica especializada en el estudio de la novela norteamericana, su libro: Sexual politics (1969) analiza, entre otras cosas, el “chauvinismo” masculino en la literatura y la misoginia. En su modelo de análisis indica como “el conflicto entre el lector y el autor/texto puede sacar a la luz las premisas subyacentes de una obra.” La postura de Kate es defender el derecho del lector a tomar una perspectiva personal y busca aniquilar el “respeto” a la autoridad del autor y sus intenciones, al hacer esto rompe con la noción del receptor como un ser pasivo/femenino de un discurso “autoritario”. El punto clave de Sexual politics considera la relación entre los sexos desde un punto de vista político. Entendiendo el término “político” como una relación de poderes en los que unas personas son controladas por otras, lo que implica que el sexo proporciona un “status” y ser hombre es superior a ser mujer, ser hombre significa realizar las actividades propias del género humano. ¡Ah! de ahí que el héroe sea más bien masculino. “La experiencia de las mujeres, apuntan muchos críticos feministas, les conduciría a valorar las obras de manera diferente de sus colegas masculinos, que pueden recordar los problemas de las mujeres que más característicamente aparecen como de interés limitado.” Señala Culler en su texto Sobre la desconstrucción. (Culler 45). Sí, porque lo atractivo no es ver cómo se duerme la Bella, sino cómo llega hasta ella el Príncipe después de probar su valor.
Podríamos pensar que la literatura infantil, en ese aspecto, ha mejorado. No podemos negar que existe una mayor conciencia e interés en ofrecer “imágenes” más revolucionarias. Es más, hubo en siglos pasados personajas más complejas, interesantes y heroicas. John Steinbeck recrea las hazañas del rey Arturo y sus caballeros de la Tabla Redonda, y presenta a Morgan Le Fay “la media hermana del rey Arturo, era una mujer oscura, atractiva y apasionada, llena de crueldad y ambición” Sé que esta descripción no la hace una heroína, pero más tarde, cuando su noble hijo Sir Ewain va a buscar su honra y fortuna, ella se transforma en una humilde y madura mujer que le enseña las artes de la guerra sin revelarle su verdadera personalidad. ¿Cómo sabe ella tanto de la caballería? Le confiesa al joven que:
“Cuando niña, como odiaba el bordado, miraba practicar a los muchachos y odiaba estar sujeta a un vestido de mujer. Cabalgaba mejor que ellos, demostré que cazaba mejor que ellos y, acometiendo el estafermo, era más diestra que ellos en el manejo de la lanza. Sólo el accidente de ser muchacha me impedía igualarlos o superarlos. Como detestaba las limitaciones de mi sexo, vestía a veces ropas de varón, me disfrazaba para evitar situaciones vergonzosas, y esperaba en el claro de un bosque a que pasaran mozos y jovencitos. Cuerpo a cuerpo les ganaba, y con un palo podía verncerlos a ellos, que llevaban espada y escudo, hasta que una vez maté a un joven caballero en una pelea limpia. Entonces me asusté. Enterré el cadáver, oculté la armadura y volví a refugiarme en mis tareas domésticas. Sabes que a una dama que injuria a un caballero le espera la hoguera.
– ¿Qué estás contándome? -exclamó Sir Ewain-. Es una historia horrorosa, antinatural,
-Quizá -dijo ella- pero quién sabe si es tan antinatural. (…) supe del arte de la guerra quizá más que cualquier caballero viviente. Y allí estaba, llena de conocimientos que no podía utilizar (…) cuando pasaron muchoa años, descubrí el modo de utilizar esos conocimientos. ¿has visto a algún joven e inexperto caballero alejarse para volver, al cabo de un año, templado como una espada, y firme y mortífero como una lanza de fresno?
-Bueno, sí. (…) Pero nunca te mencionó.
– ¿Y cómo iba a hacerlo? ¿Qué hombre en este mundo de hombres, había de admitir que aprendió todo de una mujer?” (Steinbeck 170).
Morgan posee los rasgos que requiere la heroicidad pero no puede entrar en la esfera masculina, es entonces hechicera, maligna, excepto en este pasaje donde enseña a su hijo anónimamente.

Morgana
El tema de la mujer que anhela realizar acciones heroicas aparece también en la obra de J. R. Tolkien El Señor de los Anillos, Éowyn es la doncella que guarda el espíritu de una guerrera, añora las aventuras y se disfraza de hombre para ir a la guerra contra Mordor. Su coraje y valor la llevan a luchar contra el Capitán de los espectros: “Tampoco ahora se inmutó Éowyn, doncella de Rohan, descendiente de reyes, flexible como un junco pero templada como el acero, hermosa pero terrible. Descargó un golpe rápido, hábil y mortal. Y cuando la espada cortó el cuello extendido, la cabeza cayó como una piedra, y la mole del cuerpo se desplomó con las alas abiertas. Éowin dio un salto hacia atrás. Pero ya la sombra se había desvanecido. Un resplandor la envolvió y los cabellos le brillaron a la luz del sol naciente.
El Jinete Negro emergió de la carroña, alto y amenazante. Con un grito de odio que traspasaba los tímpanos como un veneno, descargó la maza. El escudo se quebró en muchos pedazos, y Éowyn vaciló y cayó de rodillas: tenía el brazo roto. El Nazgúl se abalanzó sobre ella como una nube; los ojos le relampaguearon, y otra vez levantó la maza, dispuesto a matar.
Pero de pronto se tambaleó también él, y con un alarido de dolor cayó de bruces, y la maza, desviada del blanco, fue a morder el polvo del terreno. Merry lo había herido por la espalda. Atravesando el manto negro, subiendo por el plaquín, la espada del hobbit se había clavado en el tendón detrás de la poderosa rodilla.
-Éowyn, ¡Éowyn¡- gritó Merry.
Entonces Eowyn, trastabillando, había logrado ponerse de pie una vez más, y juntando fuerzas había hundido la espada entre la corona y el manto, cuando ya los grandes hombros se encorvaban sobre ella.. La espada chisporroteó y voló por los aires hecha añicos. La corona rodó a lo lejos con un ruido de metal. Éowyn cayó de bruces sobre el enemigo derribado. Mas he aquí que el manto y el plaquín estaban vacíos. Ahora yacían en el suelo, despedazados y en un montón informe, y un grito se elevó por el aire estremecido y se transformó en un lamento áspero, y pasó con el viento, una voz tenue e incorpórea que se extinguió, y fue engullida, y nunca más volvió a oírse en aquella era del mundo.”

Eowyn
Como resultado de la batalla la doncella entra enferma en la oscuridad, por haber luchado contra un ser maléfico y en todo superior a sus fuerzas. Después su vida vuelve al cauce normal, termina casándose con un gran hombre y viviendo en santa tranquilidad. Por supuesto ya no experimenta más aventuras. Aunque el texto presenta el conflicto de la mujer-guerrera y el narrador hasta parece comprenderla, la devuelve a la tradición para que recupere la sanidad.
Una personaja que me parece muy atractiva es la creada por el ya famoso George R. R. Martin y Lisa Tuttle para la novela de ciencia ficción Refugio del viento, ganadora de los premios Nebula, Hugo y John W. Campbell. Esta obra está dirigida más bien a un público adolescente o juvenil, pero podemos mencionar a Maris de Amberly como un modelo innovador, que captura la atención de sus lectores sin importar su sexo. Maris nace en un planeta llamado Windhaven, un mundo formado por pequeñas islas. En él habitan seres humanos que convirtieron el metal de sus naves en alas para volar, dando así inicio a las castas de “los alados” y de “los atados a la tierrra”. Ella pertenece a la clase más baja, hija de una mujer pobre que recolecta en la playa su comida o los restos de los navíos que sucumben en las frecuentes tempestades. La niña Maris anhela volar, más que nada, consigue que un alado la adopte y es la primera “atada a la tierra” que cruza las nubes y entra en el mundo maravilloso de los alados. Mas su padre adoptivo ha procreado a un hijo propio y, según la tradición, él debe heredar las alas apenas cumpla los trece años. El chico no tiene cualidades, desea convertirse en un trovador y le suplica a la hermana que lo ayude. Maris se opone a la tradición, lucha y logra que las alas sean para los más aptos, aunque éstos sean de la clase pobre y no de los nobles alados. Se convierte en una leyenda, en instructora de los “alas de madera” que concursan para obtener el privilegio de remontarse en las nubes. No termina ahí su historia, logra vencer aún su caída del cielo, la intransigencia de los poderosos y termina su vida instruyendo a los jóvenes “un ala” y convirtiendo su existencia en una canción inmortal.

Refugio del viento

Refugio del viento1
Las heroínas actuales buscan su espacio en los relatos infantiles, las niñas lectoras desean ensoñar mundos donde su quehacer pueda ser tan maravilloso o extraordinario como el de los varones; las pruebas, las aventuras y los dilemas, los pueden resolver personajes y/o personajas.