Laura Guerrero Guadarrama
Campanitas de oro,
torres de marfil,
canten a este niño
que se va a dormir.
Campanas de plata,
torres de cristal,
canten a este niño
que ha de descansar.
(Naranja 90)
Todo comienza con los sonidos y ritmos de la voz humana que acompañan al niño y a la niña durante su crecimiento. Las primeras vocalizaciones que escucha son claves en el desarrollo de su imaginación y motor de su creatividad. Los pequeños se dan cuenta de la carga afectiva que conllevan las palabras cargadas de significado. La madre o la persona que cuida del bebé hace uso de un gran número de recursos orales que implican arrullo, risa, acción y, a veces, dolor.
Este niño lindo,
que nació de noche,
quiere que lo lleven
a pasear en coche.
Este niño lindo,
que nació de día,
quiere que lo lleven
a comer sandía. (Naranja 98)
Los géneros nacidos del pueblo y de la oralidad, la lírica popular infantil, son maravillosos y múltiples, existen los refranes, las adivinanzas, los trabalenguas, las burlas, las canciones, los villancicos, los juegos, desde los mímicos para niños pequeños hasta los más complicados como las rondas infantiles.
Esta literatura tradicional y popular se transmite de generación en generación, de padres o madres a hijos e hijas, son pequeños recursos de la socialización y de la interacción entre la persona adulta y el infante. Constituyen un acto performativo, esto quiere decir que se crea en el momento, con recursos corporales y sonoros, una hechura cuasi teatral que como señala Zumthor: “de una comunicación oral, hace un objeto poético, confiriéndole la identidad social en virtud de la cual se le percibe y declara como tal.” (84)
En este acto performativo vamos formando el gusto por la literatura: la poesía, los relatos, las aventuras, lo espectacular y teatral.
Los niños juegan el juego del lenguaje pero también lo subvierten y la lírica popular les permite manifestar su sentir:
Pin uno, pin dos,
Pin tres, pin cuatro,
Pin cinco, pin seis,
Pin siete, pin ocho,
Dan las ocho
con un palo
Retemocho.
Bolillo, telera,
pambazo y afuera. (Naranja 68).
De esta manera, el amor que pueda tener un niño o niña por la palabra se inicia a muy temprana edad, con los sonidos y silencios. Por eso, Georges Jean, pugna por una pedagogía poética “como algo propio para provocar el deseo de crear territorios nunca vistos en los que niños y adultos serían cómplices de las mismas aventuras compartidas.” (Jean Los senderos 21). Por eso hay que seguir arrullando, jugando con las palabras, hay que seguir el camino luminoso de la tradición y de la imaginación.
El vínculo entre el libro y el niño y la niña es estrecho, pasa por el lenguaje oral y responde a nuestras necesidades humanas. Debiera ser sencillo conducir a la lectura y de ahí a la escritura; no obstante, conforme pasa el tiempo los chicos y chicas se alejan de los libros y de lo que éstos pueden ofrecer. Es una falla que debemos subsanar. Nuestro maestro –enfatiza Savater- no es el mundo, las cosas, los sucesos naturales, ni siquiera ese conjunto de técnicas y rituales que llamamos “cultura” sino la vinculación intersubjetiva con otras conciencias.” (Savater 35).
Mantener ese estrecho vínculo es una labor de intersubjetividades, de persona a persona, un ejercicio que debe ser, antes que nada, un ejercicio de vida.
No existen fórmulas mágicas para formar lectores, pero si no olvidamos lo entrañable que es la palabra para cada uno de nosotros, si alimentamos la curiosidad innata de la infancia, si atendemos a sus intereses, tendremos un buen comienzo.
Bibliografía:
Cerrillo, Pedro. La voz de la memoria. Estudio sobre el Cancionero Popular Infantil. Col. Arcadia. Castilla: Ediciones Castilla la Mancha, 2005.
Jean, Georges. Los senderos de la imaginación infantil. Los cuentos, los poemas. La realidad. 1979. Breviarios 514. México: FCE, 1994.
— La poesía en la escuela. Hacia una escuela de la poesía. Proyecto didáctico Quirón. Madrid: Ediciones de la Torre, 1996.
Naranja dulce, limón partido. Antología de la lírica infantil mexicana. Sel, pról. y notas de Mercedes Díaz Roig y María Teresa Miaja. 1979. México: COLMEX, 2000.
Savater, Fernando. El valor de educar. México: Instituto de Estudios Educativos y Sindicales de América, 1997.